
Elisabeth Kaiser fue el miércoles 1 de octubre de 2026 una mujer muy solicitada en Berlín. La comisionada del Gobierno alemán para Alemania oriental concedió una entrevista televisiva tras otra. El motivo fue la reciente presentación del informe anual para Alemania oriental, cuyo título de 2026 es In Bewegung bleiben: Was Menschen voranbringt. Was Chancen schafft. (“Seguir avanzando: lo que hace avanzar a las personas. Lo que crea oportunidades”). El informe analiza, 36 años después de la reunificación, las diferencias entre el este y el oeste de Alemania.
Las diferencias en indicadores fundamentales siguen siendo, como era de esperar, muy grandes: en promedio, los alemanes orientales ganan menos, reciben pensiones más bajas y poseen menos propiedades. Por eso, Kaiser, nacida en 1987 en la República Democrática Alemana (RDA), tres años antes de la reunificación alemana, habla mucho de las diferencias patrimoniales.
Durante décadas estuvieron restringidos tanto el emprendimiento privado como la posibilidad de acumular un patrimonio propio. "Por eso, las familias pudieron acumular o transmitir mucho menos patrimonio", afirma. Los alemanes orientales también tienen, por tanto, menos bienes para dejar en herencia. Para Kaiser, oriunda de Gera, en el estado federado de Turingia, todo esto forma parte del debate sobre las oportunidades de ascenso social.
Y en ese aspecto, la situación parece poco favorable, no solo desde la perspectiva de los alemanes orientales. Kaiser remite al Monitor de Alemania, un estudio encargado por ella que aún está siendo evaluado, aunque ya se conocen algunos resultados. Según estos, alrededor de dos tercios de los encuestados están convencidos de que el ascenso económico y social depende en gran medida del patrimonio, los contactos y el origen social.
Esta percepción también se refleja en las cifras. Si bien, según Kaiser, la proporción de alemanes orientales en puestos directivos de las máximas autoridades federales aumentó del 13,9 por ciento en 2022 al 16,3 por ciento actual, "cuanto más alto es el nivel directivo, menor es, en realidad, la proporción de alemanes orientales".
La comisionada extrae de ello una reivindicación clara: la igualdad de oportunidades implica también poder influir en decisiones importantes. "Por eso, mi aspiración es que los alemanes orientales estén sentados a la mesa allí donde se toman decisiones en el país: en los ministerios, las autoridades, la economía, la ciencia, la Justicia, la cultura y los medios de comunicación".
En todos estos ámbitos, los alemanes orientales están claramente menos representados de lo que correspondería a su proporción de casi el 20 por ciento de la población. Kaiser se apoya para ello en estadísticas del Monitor de las Élites, otro estudio impulsado desde su oficina. Según sus datos, la proporción de alemanes orientales en puestos directivos tanto del sector público como del privado apenas aumentó durante el período analizado, de 2018 a 2024: pasó del 10,9 al 12,1 por ciento.
En la economía y la cultura, la proporción incluso disminuyó. Un dato resulta especialmente llamativo: en las 100 mayores empresas alemanas, todos los altos directivos son de Alemania occidental. Lo mismo ocurre en las Fuerzas Armadas. Los alemanes orientales también están fuertemente subrepresentados en los puestos más altos de la Justicia y los medios de comunicación.
La insuficiente representación de las perspectivas de Alemania oriental en casi todos los ámbitos de la sociedad parece tener también consecuencias en la percepción que muchas personas tienen de sí mismas.
Kaiser asegura que la generación nacida en torno a la caída del Muro de Berlín y la reunificación alemana, a la que ella misma pertenece, durante mucho tiempo no se sintió alemana oriental. Fue recién en la escuela y durante su formación cuando se dio cuenta de que existían diferencias entre el este y el oeste que, en algunos casos, la perjudicaban.
Esto, a su vez, está relacionado con nuevos estereotipos sobre Alemania oriental, tanto sobre su pasado como sobre su presente. "En parte, también desde la política se crea una especie de identidad oriental, porque se busca orientación, se busca algo que una", afirma Kaiser a partir de sus numerosos encuentros y conversaciones. Como ejemplo menciona el valor simbólico de los ciclomotores Simson, producidos por millones durante la época de la RDA y que para los jóvenes representan movilidad y libertad.
"Eso luego se instrumentaliza", lamenta la comisionada, que no mencionó explícitamente al partido Alternativa para Alemania (AfD). Destacados representantes de esta formación política, clasificada como parcialmente de extrema derecha por la Oficina Federal para la Protección de la Constitución, suelen utilizar este objeto de culto en apariciones públicas. Uno de ellos es Ulrich Siegmund, quien acaba de ganar las elecciones en el estado federado de Sajonia-Anhalt. DW (md/ms)