
En Tokio y Seúl crece la preocupación por que el enfoque del presidente estadounidense, Donald Trump, hacia Ucrania y China forme parte de una política exterior transaccional global que pueda acabar alterando alianzas establecidas desde hace tiempo en el noreste asiático.
El reciente "plan de paz" de 28 puntos de la Administración Trump para Ucrania ha resultado ser una reescritura de las exigencias maximalistas del Kremlin. A pesar de que finalmente se presentó una versión más diluida y de que las conversaciones siguen en curso, la Administración Trump ha manifestado en repetidas ocasiones su disposición a dar la espalda a Ucrania.
En cuanto a China, el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, ha dicho que Trump tiene la intención de reunirse con Xi Jinping hasta cuatro veces a lo largo de 2026, incluyendo una visita de Estado a Pekín en abril y una visita recíproca a EE. UU. a finales de año. Según Bessent, las reuniones aportarán "gran estabilidad" a la relación bilateral, ya que Trump intenta suavizar las relaciones con Xi tras iniciar una dura guerra comercial.
Oficialmente, Seúl y Tokio, los dos aliados más cercanos de Washington en Asia, guardan silencio. Pero muchos observadores en Japón y Corea del Sur interpretan la política exterior de Washington como el apoyo de Trump a un dictador, Putin, que intenta someter a un vecino más pequeño en Europa. Esto, a su vez, profundiza la preocupación de que lo mismo pueda ocurrir con China en el Pacífico, con Taiwán como objetivo obvio.
"La traición de Trump a Ucrania se cierne sobre Asia y los aliados de Estados Unidos en la región, que ahora cuestionan la fiabilidad de sus alianzas con EE. UU.", comenta a DW Jeff Kingston, director de Estudios Asiáticos de la Universidad de Temple en su sede de Tokio.
"Japón y Corea ven cómo Trump se acerca a dictadores autoritarios de Rusia, China y Corea del Norte, mientras que les da la espalda en materia comercial, y se preguntan qué pasaría en caso de una contingencia en Taiwán", prosigue.
Kingston añade que la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, probablemente se ha sentido "decepcionada" porque Trump no la apoyó inmediatamente en una reciente disputa con Pekín.
"Tras el éxito de la reciente visita de Trump a Tokio y el compromiso de Takaichi de invertir en Estados Unidos, creo que ella habría esperado algo más de apoyo", dice Kingston. "Habría querido que Trump saliera y hablara de Japón como la 'piedra angular de la paz' en la región y de la fortaleza de su alianza".
"La preocupación ahora en Japón es la perspectiva de que Estados Unidos y China creen un 'G-2' que, sencillamente, pase por encima de Japón y deje patente que Tokio está perdiendo influencia", subraya. "Y Corea del Sur tiene las mismas preocupaciones".
Por otro lado, Japón ha capitulado ante las exigencias de Trump de invertir 550.000 millones de dólares en industrias estadounidenses, y Seúl acordó proporcionar 350.000 millones de dólares en inversiones en efectivo y otros 150.000 millones de dólares en cooperación para la construcción naval.
"Por supuesto, fue injusto y, por supuesto, la gente está descontenta, pero también reconocemos que Corea del Sur depende mucho de Estados Unidos", destaca Lim Eun-jung, profesor de Estudios Internacionales en la Universidad Nacional de Kongju.
El actual presidente surcoreano, Lee Jae-myung, pertenece a un partido de izquierda que no encaja naturalmente con la actual Administración estadounidense, según Lim, pero también es un "pragmático" en lo que respecta a las alianzas de la nación.
Seúl desconfía de la creciente agresividad de China en la región, sobre todo por su constante invasión de aguas disputadas en el Mar Amarillo, que recuerda a la ocupación por parte de Pekín de atolones y aguas circundantes en el Mar de China Meridional hace una década.
Lim Eun-jung dice que Corea del Sur desconoce hasta qué punto Washington ha prestado atención a esta disputa, o si la actual Administración estadounidense acudiría en su ayuda en caso de que la invasión se acelerara y ampliara su alcance.
"También nos preocupa la posibilidad de una retirada, de que se reduzcan las fuerzas estadounidenses en Corea como parte del enfoque transaccional de Trump en las relaciones internacionales", explica.
Trump aún no ha amenazado en su segundo mandato con retirar las tropas estadounidenses de Corea del Sur si Seúl no paga más por su estacionamiento. Pero la presión sobre los pagos por las tropas fue una baza que Trump intentó utilizar durante su primer mandato y sigue siendo algo a lo que podría recurrir.
Tokio comparte un temor similar, aunque Takaichi podría haber logrado aliviar parte de esa presión con su anuncio de que en el presupuesto del próximo año aumentará el gasto en defensa hasta el 2 por ciento del PIB de Japón.
Pero no está claro que eso sea suficiente. En una entrevista reciente con Fox News en Estados Unidos, se le preguntó a Trump si China era "amiga" de Estados Unidos, en el contexto de la disputa entre China y Japón. "Muchos de nuestros aliados tampoco son nuestros amigos", respondió Trump. "China nos ha explotado enormemente... Nuestros aliados nos han explotado más en el comercio que China". DW (ms/cp)